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Oremos Hermanos

Al haber pasado mis prácticas en un colegio religioso, por narices tenía que haber un espacio para la religión, las misas y los curas. Que quede claro que yo no tengo nada en contra de esta ni de estos. Tampoco en principio de los que ven la religión como algo retrogrado y reniegan de ella. Ni de los hunos ni de los otros, como diría Unamuno. Cada cual es libre de creer y realizar las prácticas más acordes con sus creencias. Otro asunto es cuando nos las intentan imponer a los demás.

A nosotros, los alumnos en prácticas, no nos obligan a asistir a misa. Los alumnos del colegio pueden, si así lo quieren ir, a misa todos los días. La hora asignada es a las 10:35AM, durante la cual tienen la posibilidad de elegir entre ir a misa hasta las 11:00 o quedarse en clase estudiando. Me parece bien que les de esta opción, ya que sobre todo a edades tan tiernas es difícil que puedan desarrollar un interés tan genuino por la religión como para asistir todos los días a misa. En los Agustinos sólo nos obligaban a ir a misa en ocasiones especiales del calendario: miércoles de ceniza, pentecostés, la asunción, yo qué sé … Lo que sí recuerdo bien es que íbamos a misa todos la mar de contentos en horario lectivo.

Naturalmente, los alumnos de mi centro de prácticas tienen una asignatura de Religión en vez de Ética, o como demonios se llame ahora. La verdad es que será igual, si no más, aburrida que la de Religión: al menos en Religión teníamos de vez en cuando guerras, exilios, migrantes, hijos pródigos, cainitas y demás situaciones de la vida real tanto de hoy como de hace 2000 o 4000 años. Si la asignatura de religión es aburrida, entonces como actualmente, es por ser el profesor aburrido, además de tener que ceñirse a un temario timorato, características ambas a ciencia cierta comunes con sus actuales sustitutos éticos o cívicos, cualesquiera que sean.

La verdad es que si yo tuviera hijos contemplaría la opción de enviarlos a un colegio de curas o monjas. Como yo estudie en uno de ellos, ya sé de primera mano lo que supone. En cambio, no me fío de lo que se enseña en un colegio laico o público. Aunque estuve dos años en el instituto, en Bachillerato uno era ya suficientemente adulto como para ser susceptible de ser aleccionado. Además, en mi instituto los profesores eran muy profesionales en todo, y de todos modos corrían otros tiempos.

Sea como fuere, mi mayor temor al respecto es que muchos centros han sustituido la doctrina cristiana por otra de naturaleza jacobina, sin que la mayoría se haya dado cuenta de que es otra religión. Y es que en realidad muchos presumen de no ser creyentes. Pero lo que es tener credo, todos tienen el suyo sino es que siguen el de la mayoría. Actualmente vivimos en una sociedad cada vez más polarizada a nivel global. Dada la relevancia de los retos que se nos presentan en las décadas venideras lo último que necesitamos son de vuelta a güelfos y gibelinos… y menos a los jacobinos.

También se observa cierta labor destructora de los cimientos de nuestra civilización europea. Como es hoy en día esta mayoritariamente desconocida, fácilmente es vilipendiada. Si en todo caso se hubiera sustituido la religión por una asignatura en humanística con Sócrates, y otros pensadores y filósofos ilustres de incuestionable elevación moral como guías. Y realmente, ¿en qué nos beneficiaría echar a perder en unas generaciones 2 milenios y medio de tradición cultural?

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Examen de Matemáticas

El pasado jueves llegó al colegio un nuevo alumno de Colombia. Por edad le corresponde entrar en 4° de la ESO, pero como los sistemas educativos de cada país son diferentes, el jefe de estudios de 3° y 4° de la ESO se ve en un dilema. ¿Qué curso es el más apropiado para este alumno?

Incorporarle en 4° de la ESO sin un nivel suficiente de matemáticas sería condenarle a pasar un año de tribulaciones para conseguir graduarse exitosamente de la ESO. Si por el contrario se le incorpora en 3° de la ESO, significaría compartir clase con alumnos más jóvenes y retrasar su desarrollo psicosocial. Con el objetivo de poder tomar una decisión más informada, el director de estudios me ha dado un examen de 3° ESO de matemáticas, y me ha pedido que me siente con el alumno y vea que tal anda en Matemáticas.

Con muy buen juicio me ha pedido Javier, que así se llama el director de estudios, que le examine de Matemáticas para hacerse una mejor idea en que curso incorporarle. Y es que las competencias más importantes en esta etapa son, a mi parecer, la matemática y lingüística. Con una capacidad matemática adecuadamente desarrollada, las otras asignaturas de ciencias en esta etapa son sencillas de seguir, y en caso necesario remontar. Esto es así, porque en la práctica el tipo de problemas que tienen que aprender a resolver resultan sencillos si el alumno ha interiorizado suficientemente los conceptos básicos de algebra, geometría, y a plantear y resolver problemas. También facilita enormemente su adaptación al curso una competencia en lengua adecuadamente desarrollada, ya que habitualmente los problemas que tienen, al resolver por ejemplo problemas de Física o Química, vienen determinados en gran parte por una compresión oral y escrita deficiente: muchos alumnos no entienden qué diablos se les está pidiendo hacer.

El examen ha sido un desastre. En primer lugar, el alumno no sabía resolver ecuaciones algebraicas de 2° grado: no conocía la famosa formula. Tampoco pudo resolver ecuaciones un poco complicadas de 1° grado. En este caso, el problema era que se armaba unos líos tremendos a la hora de realizar operaciones de algebra básicas, y las hacía mal invariablemente. También era zurdo, y tenía un problema claro de caligrafía. Escribía, por ejemplo, las x de las ecuaciones muy parecisas a los signos de sumar, con el resultado de que al pasar de una ecuación a otra desaparecían algunas x. También coeficientes y números, al ser prácticamente ilegibles, cambiaban de valor. El resultado final es que dudo de que pueda resolver exitosamente ningún problema de un examen de 3° de la ESO.

Al final, gran parte de los 40 minutos que he empleado con él los he dedicado a enseñarle como resolver ecuaciones de 2° grado, operar con polinomios, y a darle unos consejos básicos sobre la importancia del orden y de escribir legiblemente ecuaciones. Espero que estos consejos no hayan caído en saco roto, y que al menos a partir de ahora haga un esfuerzo en escribir con claridad.

Me he encontrado más tarde con el alumno en clase de Física y Química de 4° de la ESO. Al parecer, el alumno ha sido ya incorporado a esta clase. En clase, estaba con los brazos cruzados sin hacer nada hasta que le he recomendado que al menos escriba las soluciones de los problemas que se estaban resolviendo. Quizás si le ven con muchos problemas le acaben mandando a 3° de la ESO. Ya veremos en marzo. Yo creo que va a tener un año muy difícil en 4 ° de la ESO.

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Alumnos con problemas de aprendizaje

Después de casi tres semanas en el colegio observando diferentes grupos de alumnos en clase, hoy he tenido la oportunidad de impartir una clase de apoyo de media hora a tres alumnos de 4 de la ESO. Estos tres alumnos en particular tienen problemas graves de aprendizaje. Simplemente observando en clase, como he pasado la mayoría del tiempo, no habría podido jamás imaginar lo difícil que les va a resultar aprobar el título de Graduado en Educación Secundaria

Me gustaría aclarar que estos chicos, de los cuales voy aquí a hablar, no son estrictamente alumnos con necesidades educativas especiales, comúnmente denominados NEES o ACNEES. Los NEES son a grandes rasgos alumnos con discapacidad intelectual y trastorno generalizado del desarrollo, es decir los que cuentan con una discapacidad global para el aprendizaje, además de los alumnos con discapacidad visual, auditiva y motora, dificultades en el aprendizaje y trastornos por déficit de atención, que son clasificadas como discapacidades de área. Todos ellos necesitan una organización y planificación en el centro que los acoge, además de profesionales en pedagogía terapéutica y especialistas auxiliares educativos. Cada uno de estos alumnos cuentan con un currículo adaptado individual (ACI) que debe de ser aprobado por el Gobierno Vasco. El centro también se encarga de elaborar un programa adaptado y un plan de trabajo para cada alumno. Sólo los alumnos con un ACI de área pueden obtener el título de la ESO.

En realidad, estos alumnos con los que hoy he trabajado son alumnos con problemas serios de aprendizaje. Aunque no tienen ninguna discapacidad de grado notable, es decir aquella que en principio les incapacitaría oficialmente para adaptarse al currículo de etapa en el centro, sí que se beneficiarían enormemente de algún tipo de apoyo suplementario.

Los alumnos con problemas de aprendizaje, que son chicos que a primera vista parecen (y son en realidad) de lo más normales, son alumnos en los cuales se mezclan diversos factores que dificultan su aprendizaje. Sin llegar a tener un trastorno por déficit de atención incapacitante, son terriblemente distraídos. Si bien esta es una característica que comparten con sus camaradas de 4 de la ESO, se manifiesta en ellos de forma extremada. He podido observar mientras les explicaba cómo usar apropiadamente factores de conversión para calcular moles, masas molares y número de átomos en una mesa afuera de clase, que el paso de alumnos y profesores, el abrir y cerrar puertas, el murmullo de los alumnos (aquí siempre hay mucho movimiento), les hacían tornar la cabeza y perder la concentración en lo que estábamos haciendo. Uno de ellos hasta se ha quejado de lo ruidosos que son sus compañeros entre levemente enojado y divertido. También he notado que no se detienen a pensar las cosas en absoluto. A cualquier pregunta se lanzan impetuosamente a dar la primera respuesta que se les pasa por la cabeza. No parece que tienen desarrollada una capacidad para reflexionar.

Lo aparentemente paradójico de estas observaciones sobre la pobre atención y esta especie de reticencia a pensar y reflexionar, es que sus compañeros de clase comparten en mayor o menor medida estas características. La diferencia es que la mayoría de sus compañeros se las apañan mejor para finalmente ir aprendiendo técnicas, aunque sea de forma muy mecánica, a base del esfuerzo e insistencia del profesor en repetir, repetir y repetir, lo que finalmente les vale al menos el aprobado a la mayoría. Y es que en la ESO en realidad, e incluso en bachillerato, tengo la impresión que fundamentalmente se repiten los mismos contenidos y aprendizajes curso a curso.

Es bastante probable que aparte de tener estas deficiencias, otros factores podrían estar conspirando para empeorar aún más su rendimiento escolar sumándose a los ya mencionados. Podrían ser una falta de ejercitación de la memoria y poca motivación, además de una inteligencia significativamente por debajo del promedio. Parece ser que se da en ellos una especie de fallo a nivel global. El resultado es que sus aprendizajes de años anteriores han sido deficientes y llegan a una especie de techo en 3 o 4 de la ESO, es decir, demasiado temprano, con series dificultades de titularse de la ESO. A estas alturas tienen, por ejemplo, problemas serios de entender operaciones matemáticas básicas y una mala comprensión del lenguaje, lo que les dificulta su presente aprendizaje excesivamente.

Realmente es una pena que estos chicos tengan problemas a estos niveles. Parece ser que en algún momento de su educación anterior empezaron a descolgarse, y les resulta cada vez más complicado seguir el ritmo de la clase. La impresión que he tenido trabajando con ellos es que, a pesar de tener deficiencias en su nivel de aprendizaje, todavía estarían a tiempo, haciendo un gran esfuerzo y teniendo un apoyo suplementario sostenido, de graduarse exitosamente de la ESO. Mejor sería si este tipo de problemas se detectasen y procurasen corregir lo antes posible. Quizás nos podriamos plantear una especie de programa y plan de trabajo suplementario para alumnos con problemas serios de aprendizaje. Se tendría que dedicar por supuesto tiempo y energía a la organización y planificación de estos suplementos, así como recursos humanos y materiales. ¿Merecería la pena? Yo creo que sí. Al final el nivel de educación de los ciudadanos, de una u otra forma, beneficia a la sociedad de la que son partícipes.