Hoy quería hablar sobre el miedo a equivocarse. En la medida en la que el tiempo me lo permite, estoy intentando en el desarrollo de las clases que estoy dando que los/as alumnos/as salgan a la pizarra a explicar ejercicios. En algunas clases siempre tengo voluntarios/as dispuestos a salir a la pizarra, en otras, busco a algún o alguna alumna que me mire cuando pregunto por algún voluntario. Si cruzamos mirada, le mando salir a la pizarra. Así, nunca faltan voluntarios/as para salir.
En la sesión de hoy he tenido un caso especial con un alumno que me suele preguntar en clase con un poco de vergüenza. Por ejemplo, suele introducir sus preguntas con expresiones tipo «es una chorrada pero…». Es verdad que las matemáticas no son su punto fuerte y que sus dudas son sencillas de resolver, pero cuando pregunta y se lo vuelvo a explicar, es capaz de entenderlo. Y seguramente que tras esta nueva explicación, entienda los conceptos mejor que algún/a otro/a alumno/a.
Pues bien, hoy en clase estabamos corrigiendo unos ejercicios y cuando se me han terminado los/as voluntarios/as, he conectado mirada con él y le he dicho que saliera a corregir el ejercicio. Él, asustado, me ha mirado con cara de NO SALGO NI DE CO*A. Tras haber repetido lo mismo minutos antes, he vuelto a comentar que no pasa nada por equivocarse, que estamos para aprender, que no voy a evaluar lo que hagan en la pizarra y que yo mismo también me equivoco. Sin embargo, se ha mantenido firme en su postura y al final he buscado otro voluntario, pues veía que lo iba a pasar muy mal en la pizarra.
Al final de la clase, he ido a ayudarle con un ejercicio, y le he dicho que cualquier duda que tenga me puede buscar por el centro, que yo voy a estar encantado de explicarle cualquier cosa. He querido darle confianza, y ojalá que vaya perdiendo ese miedo!! Y vosotros, profesoras y profesores, ¿habéis visto algún caso parecido en vuestros centros?
Agur ta hurrengo astera arte lagunok,
Luis