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Y así eramos, si…

Una de las cosas que más me ha llamado la atención a lo largo de mi periodo de las prácticas es que he vuelto a recordar aquellos 16 años como si fuesen ayer.

Una etapa de mi vida en la que yo, «ya era mayor». O eso pensaba. Supongo que percibí que mi cuerpo se había desarrollado mucho en muy poco tiempo y que poco más me quedaba. De hecho, me he quedado en aquella misma estatura, con mi metro setenta. Pero lo cierto es que iba más allá. Pensaba que mi mente estaba desarrollada al 100%, que poco más me podía enseñar el maestro. Que a mi no me podía pasar nada y que sería un gran capitán de la marina mercante.

Lo cierto es que la vida me enseñó que no todo iba de evolución cognitiva ni física. La vida, la cruda realidad, se basa en la experiencia. Y a mis 33 años, veo a los chavales y me alegro muchísimo. Llenos de vida y comiendose el mundo a bocados. Yo los seguiré viendo como lo que yo era, un hombre lleno de vida, ilusiones, rebeldía y un futuro por delante.

Ahí está precisamente lo bonito de esa etapa: ni son niños ni son hombres. Pero están llenos de vida.

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La música amansa a las fieras

Todavía recuerdo dos de todas las veces que estuvimos en el aula de dibujo con los alumnos de primero de bachiller. Me llamó especialmente la atención ver como había tres grupos:

Los chicos: Risas, trabajo a medio pistón (motores al 65%) y un poco de cachondeo. Eso si, los trabajos terminados mejor o peor antes de terminar la clase.

Las chicas: Hablando de dibujo técnico, resolviendo dudas y a machete con la asignatura. Vamos, seriedad.

«Grupo tres»: Dos amigas allí, al fondo de la clase, formales. Haciendo dibujos y hablando de sus cosas en la tranquilidad que trae estar alejado de todo.

He de admitir que esa libertad que se siente a los 16 años me trajo buenos recuerdos y no tan buenos. Así como estuve pensando qué es lo que haría como profesor para cambiar aquella situación: esa misma situación. Me estaba viendo en un espejo. No es que fuese poco tiempo el que le dediqué ese día a pensar en ello y el resultado fué inconcuyente. Dos días después, volviamos a tener clase de dibujo y parece que no fui el único en haber advertido la «caótica situación» (exageremos, ¡esto es literatura Sr@s!):

Aquella mañana, Mikel, mi tutor, se levantó y al de 10 o 15 minutos de empezar la clase, encendió la radio, y les puso de fondo Euskadi Gaztea

Tremendo. Es increible la mano que tiene para los alumnos. Es como si estuvieses viendo luchar a Aquiles en la batalla de Troya. No es que se callasen y empezasen a dar el callo todo el grupo de chicos, pero ya veías que el grupo de bandidos había pasado de ser de ocho a ser de tres. Con un «truco» así de simple y agradable.

Cuanto tengo que aprender. ¡Y qué suerte tengo de tener a quien me enseña tan bien! ^^

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Nunca dejes de aprender

El día 15 de mi diario de prácticas empieza así:

«

Hoy, en clase de tercero de la E.S.O., hemos probado la integridad estructural de los puentes que se han desarrollado a lo largo de las últimas tres sesiones. Hemos dedicado parte de la sesión de hoy a retocar los proyectos y, finalmente los hemos puesto a prueba.

Uno de los puentes que hemos testeado ha sido un puente que tenía en gran estima. Un puente con un bonito diseño que, ha probado ser lo suficientemente resistente. El día 1 del diario de prácticas me concentré especialmente en la observación del aula y del profesor. En aprender como gestionar un aula. No hice mención de ello en el día 1 del diario pero era un puente que me llamó la atención en muchos sentidos.

La prueba de hoy consistía en poner 10 kilos encima del puente y, que este fuese capaz de soportarlos. A continuación, y tras probar su integridad de seguridad, se procede a aplicar fuerza para deformar el puente mientras se graba en video tanto por planta como por alzado. El objetivo, saber por conde se deforma para saber cuales son los puntos a reforzar.

Al aplicar la fuerza, el estudiante que la aplicó ha sido especialmente torpe. Y casi estoy seguro que nada más. Ha aplicado la fuerza bastante bruscamente y el puente se ha roto diría que en cosa de un segundo, cosa que hasta ese momento no había ocurrido en los anteriores. Era el último puente que quedaba por probar. Lo que se han dado es dos respuestas diferentes:

Mikel, mi tutor en prácticas, ha sabido ser un buen profesional y, le ha dicho que cómo ha aplicado tanta fuerza de golpe si lo que se pretendía era grabar en video para analizar sus puntos débiles. Yo en cambio, le he dicho al estudiante que romper las cosas no está bien, y menos por porque sea más bonito.

«

El chaval se llevó un disgusto tremendo, se le veía en la cara. Se ha comido dos broncas por hacer lo que le han dicho «a su manera».

Esa noche me eché pensando en lo ocurrido cosa de media hora antes de reconciliar el sueño. El chico no tenía la culpa. Eso si, había sido un poco manazas, jeje.

A lo largo del día siguiente, me pasé pensando la manera de compensar «la innecesaria bronca del profe de prácticas», porque el chaval segía bastante enfadado (prueba de que no lo había hecho queriendo). Me acordé de una cosa bonita que aprendí a lo largo de mi experiencia como marino: a hacer pulseras.

Esa misma tarde salí del centro y fuí a comprar un cordón blanco, brillante. Parecido al que tenía en la mar. Y le hice una pulsera preciosa, aunque con un pequrño «fallo».

El día siguiente, fuí a su clase justo 5 minutos antes del recreo y pedí permiso al profesor de ciencias que estaba dando clase para decir unas palabras: le pedí perdón delante de toda la clase que estuvo presente cuando le llamé la atención, les expliqué que si una persona hace algo así ha de ser lo suficientemente humilde como para admitir su metedura de pata, así como tiene que pedir perdón delante de todos los que estuvieron presentes cuando se comete el error de hacer algo así.

Y le regalé mi pulsera.

La clase se emocionó y aplaudieron, mientras por el rabillo del ojo observaba la sonrisa que comenzaba a aparecer en la boca del chico, dandome las gracias con la mirada y mostrando su emoción, en silencio.

Poco después, a la hora del recreo, le expliqué la razón del fallo de la pulsera: aun queriendo hacer las cosas lo mejor posible, nada es perfecto. Lo único que hay que intentar en la vida es hacer las cosas lo mejor posible para que no salgan peor.

Gracias por enseñarme a ser mejor profesor, Unai

Se llamaba igual que yo.

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Oremos Hermanos

Al haber pasado mis prácticas en un colegio religioso, por narices tenía que haber un espacio para la religión, las misas y los curas. Que quede claro que yo no tengo nada en contra de esta ni de estos. Tampoco en principio de los que ven la religión como algo retrogrado y reniegan de ella. Ni de los hunos ni de los otros, como diría Unamuno. Cada cual es libre de creer y realizar las prácticas más acordes con sus creencias. Otro asunto es cuando nos las intentan imponer a los demás.

A nosotros, los alumnos en prácticas, no nos obligan a asistir a misa. Los alumnos del colegio pueden, si así lo quieren ir, a misa todos los días. La hora asignada es a las 10:35AM, durante la cual tienen la posibilidad de elegir entre ir a misa hasta las 11:00 o quedarse en clase estudiando. Me parece bien que les de esta opción, ya que sobre todo a edades tan tiernas es difícil que puedan desarrollar un interés tan genuino por la religión como para asistir todos los días a misa. En los Agustinos sólo nos obligaban a ir a misa en ocasiones especiales del calendario: miércoles de ceniza, pentecostés, la asunción, yo qué sé … Lo que sí recuerdo bien es que íbamos a misa todos la mar de contentos en horario lectivo.

Naturalmente, los alumnos de mi centro de prácticas tienen una asignatura de Religión en vez de Ética, o como demonios se llame ahora. La verdad es que será igual, si no más, aburrida que la de Religión: al menos en Religión teníamos de vez en cuando guerras, exilios, migrantes, hijos pródigos, cainitas y demás situaciones de la vida real tanto de hoy como de hace 2000 o 4000 años. Si la asignatura de religión es aburrida, entonces como actualmente, es por ser el profesor aburrido, además de tener que ceñirse a un temario timorato, características ambas a ciencia cierta comunes con sus actuales sustitutos éticos o cívicos, cualesquiera que sean.

La verdad es que si yo tuviera hijos contemplaría la opción de enviarlos a un colegio de curas o monjas. Como yo estudie en uno de ellos, ya sé de primera mano lo que supone. En cambio, no me fío de lo que se enseña en un colegio laico o público. Aunque estuve dos años en el instituto, en Bachillerato uno era ya suficientemente adulto como para ser susceptible de ser aleccionado. Además, en mi instituto los profesores eran muy profesionales en todo, y de todos modos corrían otros tiempos.

Sea como fuere, mi mayor temor al respecto es que muchos centros han sustituido la doctrina cristiana por otra de naturaleza jacobina, sin que la mayoría se haya dado cuenta de que es otra religión. Y es que en realidad muchos presumen de no ser creyentes. Pero lo que es tener credo, todos tienen el suyo sino es que siguen el de la mayoría. Actualmente vivimos en una sociedad cada vez más polarizada a nivel global. Dada la relevancia de los retos que se nos presentan en las décadas venideras lo último que necesitamos son de vuelta a güelfos y gibelinos… y menos a los jacobinos.

También se observa cierta labor destructora de los cimientos de nuestra civilización europea. Como es hoy en día esta mayoritariamente desconocida, fácilmente es vilipendiada. Si en todo caso se hubiera sustituido la religión por una asignatura en humanística con Sócrates, y otros pensadores y filósofos ilustres de incuestionable elevación moral como guías. Y realmente, ¿en qué nos beneficiaría echar a perder en unas generaciones 2 milenios y medio de tradición cultural?

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Examen de Matemáticas

El pasado jueves llegó al colegio un nuevo alumno de Colombia. Por edad le corresponde entrar en 4° de la ESO, pero como los sistemas educativos de cada país son diferentes, el jefe de estudios de 3° y 4° de la ESO se ve en un dilema. ¿Qué curso es el más apropiado para este alumno?

Incorporarle en 4° de la ESO sin un nivel suficiente de matemáticas sería condenarle a pasar un año de tribulaciones para conseguir graduarse exitosamente de la ESO. Si por el contrario se le incorpora en 3° de la ESO, significaría compartir clase con alumnos más jóvenes y retrasar su desarrollo psicosocial. Con el objetivo de poder tomar una decisión más informada, el director de estudios me ha dado un examen de 3° ESO de matemáticas, y me ha pedido que me siente con el alumno y vea que tal anda en Matemáticas.

Con muy buen juicio me ha pedido Javier, que así se llama el director de estudios, que le examine de Matemáticas para hacerse una mejor idea en que curso incorporarle. Y es que las competencias más importantes en esta etapa son, a mi parecer, la matemática y lingüística. Con una capacidad matemática adecuadamente desarrollada, las otras asignaturas de ciencias en esta etapa son sencillas de seguir, y en caso necesario remontar. Esto es así, porque en la práctica el tipo de problemas que tienen que aprender a resolver resultan sencillos si el alumno ha interiorizado suficientemente los conceptos básicos de algebra, geometría, y a plantear y resolver problemas. También facilita enormemente su adaptación al curso una competencia en lengua adecuadamente desarrollada, ya que habitualmente los problemas que tienen, al resolver por ejemplo problemas de Física o Química, vienen determinados en gran parte por una compresión oral y escrita deficiente: muchos alumnos no entienden qué diablos se les está pidiendo hacer.

El examen ha sido un desastre. En primer lugar, el alumno no sabía resolver ecuaciones algebraicas de 2° grado: no conocía la famosa formula. Tampoco pudo resolver ecuaciones un poco complicadas de 1° grado. En este caso, el problema era que se armaba unos líos tremendos a la hora de realizar operaciones de algebra básicas, y las hacía mal invariablemente. También era zurdo, y tenía un problema claro de caligrafía. Escribía, por ejemplo, las x de las ecuaciones muy parecisas a los signos de sumar, con el resultado de que al pasar de una ecuación a otra desaparecían algunas x. También coeficientes y números, al ser prácticamente ilegibles, cambiaban de valor. El resultado final es que dudo de que pueda resolver exitosamente ningún problema de un examen de 3° de la ESO.

Al final, gran parte de los 40 minutos que he empleado con él los he dedicado a enseñarle como resolver ecuaciones de 2° grado, operar con polinomios, y a darle unos consejos básicos sobre la importancia del orden y de escribir legiblemente ecuaciones. Espero que estos consejos no hayan caído en saco roto, y que al menos a partir de ahora haga un esfuerzo en escribir con claridad.

Me he encontrado más tarde con el alumno en clase de Física y Química de 4° de la ESO. Al parecer, el alumno ha sido ya incorporado a esta clase. En clase, estaba con los brazos cruzados sin hacer nada hasta que le he recomendado que al menos escriba las soluciones de los problemas que se estaban resolviendo. Quizás si le ven con muchos problemas le acaben mandando a 3° de la ESO. Ya veremos en marzo. Yo creo que va a tener un año muy difícil en 4 ° de la ESO.

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Último día

El jueves pasado fue mi último día de prácticas en el colegio El Pilar de Irún. Tampoco voy a dramatizar porque en Marzo volvemos a estar otro mes entero, así que, podré disfrutar otra vez (incluso más) de la experiencia.

El último día celebramos «Euskararen eguna» (aunque el día oficial fuese el 3 de Diciembre). El alumnado de Secundaria, la semana anterior, estuvo trabajando en grupos cooperativos para crear cuentos cortos en euskera. Los inventaban ellos y hacían dibujos grandes y sencillos de las escenas, porque, éste último día se los tuvieron que leer a las niñas y niños de Infantil. Cada grupo se metió en un aula, frente a 15 niños/as aproximadamente, y empezaron a leer los cuentos. Era algo nuevo para todos, para los que escuchaban y para los que narraban, pero todos disfrutaron muchísimo (sobre todo los pequeños). La verdad es que me sorprendió bastante lo bien que cuidaban a los niños/as, lo cariñosos que eran con ellos/as. Por parte de las chicas no me sorprendió tanto, pero por parte de los chicos sí, ya que, normalmente no suelen mostrar esos sentimientos de afecto.

Durante las tres semanas he estado escribiendo un diario, y me ha apetecido leerlo entero de arriba a abajo. He hecho un pequeño análisis y se nota mucho lo nueva que era en esto al principio, y lo confiada que iba los últimos días. Esa diferencia la percibo sobretodo cuando leo la manera en la que me dirijo a los/as alumnos/as. Se nota que al final los/as conocía mucho más, sabía «el rol» de cada uno en clase, sus reacciones, su carácter… he de admitir que a alguno/a se le coge bastante cariño.

¡Tengo ganas de volver en marzo, y creo que ellos/as también de que vuelva yo!

«Ikasle isila« bertsoa – Beñat Gaztelumendi

Irati

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Atención

Durante mi periodo de prácticas he podido observar que hay alumnos a los que les cuesta sobremanera prestar atención durante más de 10 minutos.

Todos hemos desconectado total o parcialmente en más de una clase, o hemos mirado al reloj 20 veces a ver si llegaba más rápido el tan ansiado final. A mí y creo que a la gran mayoría nos ocurría más frecuentemente en las últimas horas de la jornada lectiva. El fenómeno se agudizaba sin duda en aquellas clases con formato magistral sin ni siquiera ejercicios o dinámicas para variar un poco.

Estando en un centro donde los alumnos trabajan por retos y donde las clases magistrales son infrecuentes, cortas y muy informales, mi sorpresa ha sido que para algunos incluso esta pequeña dosis es demasiado. Es decir, aunque en una semana solo haya de media 3 clases magistrales de 20-30 minutos, algunos desconectan significativamente.

Muchas veces damos por hecho que el éxito educativo esta intrínsecamente relacionado con la inteligencia, pero tras esta experiencia creo que pueden tener que ver mucho más otros factores como la propia capacidad de prestar atención. Me pregunto por lo tanto, cómo habrá sido la experiencia del alumnado en las aulas hasta ahora. Si han tenido metodologías tradicionales o no y hasta qué punto puede tener que ver la capacidad para prestar atención en las dificultades que hayan podido sufrir.

Los docentes tienen un gran reto intentando mantener al alumnado presente. Algunas metodologías, como las fundamentadas en retos pueden dar lugar a parte de la solución. Pero además de eso, los docentes tienen que desarrollar sus habilidades para mantener despierta a la clase. Buscando métodos que ayuden a mantener la atención he dado con este interesante video donde el profesor Chema Lázaro nos da sus trucos para secuestrar la atención del alumnado.

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Google presentaciones

Aprovecho esta entrada al blog para pasaros un videotutorial hecho por mí sobre la aplicación «Google presentaciones». Los/as alumnos/as de 3º y 4º de ESO del centro donde he realizado mis prácticas utilizan esta aplicación para la presentación de proyectos en la asignatura de Matemáticas. Cada trimestre, realizan tras los examenes un proyecto donde aplican lo aprendido en la asignatura a algún caso real y para la exposición del proyecto utilizan precisamente Google presentaciones.

Os dejo el video donde explico de forma muy introductoria un uso básico de la aplicación. ¡Espero que os guste!

Saludos y hasta el lunes compañeros/as,

Luis