Después de casi tres semanas en el colegio observando diferentes grupos de alumnos en clase, hoy he tenido la oportunidad de impartir una clase de apoyo de media hora a tres alumnos de 4 de la ESO. Estos tres alumnos en particular tienen problemas graves de aprendizaje. Simplemente observando en clase, como he pasado la mayoría del tiempo, no habría podido jamás imaginar lo difícil que les va a resultar aprobar el título de Graduado en Educación Secundaria
Me gustaría aclarar que estos chicos, de los cuales voy aquí a hablar, no son estrictamente alumnos con necesidades educativas especiales, comúnmente denominados NEES o ACNEES. Los NEES son a grandes rasgos alumnos con discapacidad intelectual y trastorno generalizado del desarrollo, es decir los que cuentan con una discapacidad global para el aprendizaje, además de los alumnos con discapacidad visual, auditiva y motora, dificultades en el aprendizaje y trastornos por déficit de atención, que son clasificadas como discapacidades de área. Todos ellos necesitan una organización y planificación en el centro que los acoge, además de profesionales en pedagogía terapéutica y especialistas auxiliares educativos. Cada uno de estos alumnos cuentan con un currículo adaptado individual (ACI) que debe de ser aprobado por el Gobierno Vasco. El centro también se encarga de elaborar un programa adaptado y un plan de trabajo para cada alumno. Sólo los alumnos con un ACI de área pueden obtener el título de la ESO.
En realidad, estos alumnos con los que hoy he trabajado son alumnos con problemas serios de aprendizaje. Aunque no tienen ninguna discapacidad de grado notable, es decir aquella que en principio les incapacitaría oficialmente para adaptarse al currículo de etapa en el centro, sí que se beneficiarían enormemente de algún tipo de apoyo suplementario.
Los alumnos con problemas de aprendizaje, que son chicos que a primera vista parecen (y son en realidad) de lo más normales, son alumnos en los cuales se mezclan diversos factores que dificultan su aprendizaje. Sin llegar a tener un trastorno por déficit de atención incapacitante, son terriblemente distraídos. Si bien esta es una característica que comparten con sus camaradas de 4 de la ESO, se manifiesta en ellos de forma extremada. He podido observar mientras les explicaba cómo usar apropiadamente factores de conversión para calcular moles, masas molares y número de átomos en una mesa afuera de clase, que el paso de alumnos y profesores, el abrir y cerrar puertas, el murmullo de los alumnos (aquí siempre hay mucho movimiento), les hacían tornar la cabeza y perder la concentración en lo que estábamos haciendo. Uno de ellos hasta se ha quejado de lo ruidosos que son sus compañeros entre levemente enojado y divertido. También he notado que no se detienen a pensar las cosas en absoluto. A cualquier pregunta se lanzan impetuosamente a dar la primera respuesta que se les pasa por la cabeza. No parece que tienen desarrollada una capacidad para reflexionar.
Lo aparentemente paradójico de estas observaciones sobre la pobre atención y esta especie de reticencia a pensar y reflexionar, es que sus compañeros de clase comparten en mayor o menor medida estas características. La diferencia es que la mayoría de sus compañeros se las apañan mejor para finalmente ir aprendiendo técnicas, aunque sea de forma muy mecánica, a base del esfuerzo e insistencia del profesor en repetir, repetir y repetir, lo que finalmente les vale al menos el aprobado a la mayoría. Y es que en la ESO en realidad, e incluso en bachillerato, tengo la impresión que fundamentalmente se repiten los mismos contenidos y aprendizajes curso a curso.
Es bastante probable que aparte de tener estas deficiencias, otros factores podrían estar conspirando para empeorar aún más su rendimiento escolar sumándose a los ya mencionados. Podrían ser una falta de ejercitación de la memoria y poca motivación, además de una inteligencia significativamente por debajo del promedio. Parece ser que se da en ellos una especie de fallo a nivel global. El resultado es que sus aprendizajes de años anteriores han sido deficientes y llegan a una especie de techo en 3 o 4 de la ESO, es decir, demasiado temprano, con series dificultades de titularse de la ESO. A estas alturas tienen, por ejemplo, problemas serios de entender operaciones matemáticas básicas y una mala comprensión del lenguaje, lo que les dificulta su presente aprendizaje excesivamente.
Realmente es una pena que estos chicos tengan problemas a estos niveles. Parece ser que en algún momento de su educación anterior empezaron a descolgarse, y les resulta cada vez más complicado seguir el ritmo de la clase. La impresión que he tenido trabajando con ellos es que, a pesar de tener deficiencias en su nivel de aprendizaje, todavía estarían a tiempo, haciendo un gran esfuerzo y teniendo un apoyo suplementario sostenido, de graduarse exitosamente de la ESO. Mejor sería si este tipo de problemas se detectasen y procurasen corregir lo antes posible. Quizás nos podriamos plantear una especie de programa y plan de trabajo suplementario para alumnos con problemas serios de aprendizaje. Se tendría que dedicar por supuesto tiempo y energía a la organización y planificación de estos suplementos, así como recursos humanos y materiales. ¿Merecería la pena? Yo creo que sí. Al final el nivel de educación de los ciudadanos, de una u otra forma, beneficia a la sociedad de la que son partícipes.